Ir al contenido principal

Sentir navideño


Y esta ahí con las manos en el volante, el cinturón bien tendido sobre su pecho como la banda presidencial y esa sonrisa que te regala cada vez que te ve. Despliega su sonrisa como la cola del pavo real, cada vez que quiere enamorar a su partenaire. Con sus ojos transparentes, brillantes, claros, verdes...
Y en ese momento totalmente desconcertada por encontrarlo al volante, por esta ahí esperando por proteger a su hermana; a mi del mismo modo en que su sonrisa se ilumina, se me ilumina la cara, se me ensancha el pecho, se abre un puente entre él y yo, sin la obscuridad de la noche, sin la barrera de la distancia y del parabrisas. Dura sólo un instante y toda esa grandeza que me hace sentir sólo por sonreírme se expresa con un tímido saludo de mi mano, como un nene saludando a su señorita cuando se va del jardín, medio triste, medio contento por estar nuevamente con sus papás. Es así como me hizo sentir. Por el momento sólo me ilumina pequeños momentos...

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Ser madre El deseo ampuloso, el pensamiento, la evaluación, las ganas, la necesidad uterina de ser madre. Porque cada vez tengo, unas ganas,   más vivas, más ardientes, más grandes, más reales de   ser madre . La deconstrucción, la pregunta, el pensamiento, el proyecto, la ardiente respuesta, la construcción psíquica de ser madre . El imaginario de la madre que quiero ser versus la madre que podré ser. ¿Podré? La inmediatez de sentirlo, la inmediatez de serlo. Porque lo deseo y lo proyecto, porque de alguna manera, ya lo estoy siendo. Porque todo empieza, en el deseo. Sigue, en el proyecto. Se anida en la espera y se concreta en la realidad.

En camino

Me desperté por el ruido del golpe en el tablero. Los veo desde atrás, son dos, o más tal vez, pero en este momento solo diviso las manos de él, es él o ella. No, no, es él, no tiene anillos en sus manos, son blancas, pulcras, de uñas amables a la vista, lleva un reloj grande en su muñeca, se puede ver por que las manos están tendidas sobre el volante en forma rígida, y las magas de la campera se corren. El andar del auto es prolijo, la calle esta casi vacía, sólo se ven las luces de la avenida que largan destellos amarillos como rayos. Ellos hablan, se ríen, una música, los acompaña: son voces femeninas, son cuerdas, son golpes fuertes de batería. Son ellos los que están ahí y nadie más. La charla es verborragica, las voces suben y bajan, llegan a ser susurros placenteros. Nadie los ve, pero están. De modo mágico caigo dentro de su estómago, comienzo a sentir. Las mariposas no vuelan, ya planean, quieren salir por la boca, tener libertad de acción, ella las contiene, sabe que no es el...

Contratiempo

Descubrí a Mario Casas en una película pequeña y entrañable dirigida por el argentino Marcelo Piñeyro (Caballos Salvajes/Cenizas del paraíso) se titula Ismael. Una actuación fresca, tierna con una coequiper de lujo: Belén Rueda (El Orfanato). Resulta que este joven actor era re famoso por hacer películas que a las adolescentes les fascinaban: Tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de tí. Yo ya no era adolescente y no todo el mainstream de España llega a Buenos Aires o simplemente no era target. Igualmente, como nunca me quedo con la duda de nada, esa misma noche miré las dos películas y mil entrevistas por YouTube para saber quién era ese actor por el que las españolas morían. Pasaron un par de años y no supe mucho más, hasta que éstos últimos meses me encuentro con dos películas bien distintas: El Bar (del amado y venerado Álex de la Iglesia -acá somos muy fan de él-) y Contratiempo (Oriol Paulo). Me detengo en la última porque hace un par de semanas está disponible en #Netflix y ...